En el marco de la Gran Marcha Mundial de Solidaridad
estuvimos llamados a hacer una meditación sobre la compasión. Es el primer tema
que nos llevara hacia la solidaridad entre los seres humanos. Es su energía que
queremos liberar este mes en abril en Madrid, 23 y 24 de abril, consagrando la
plaza del puerto del sol: plaza del puerto del sol de la Fraternidad
Universal (domingo a las H12 en la plaza).
La compasión es en esencia un estado de compartir, de ser uno con el otro en el conjunto de las
manifestaciones de la vida. No es solamente de la empatía por cual percibos los
sentimientos del otro. Es un proceso de comunicación directa entre almas dentro
cual se revela el estado psíquico de la conciencia espiritual del otro y son
potencial de amor-sabiduría. Se refleja
dentro el espejo más incondicionado del amor de nuestro corazón. Según
nuestro nivel de conciencia se revela así la comprensión del otro y su nivel de
conciencia como haciendo parte de una misma realidad común, sea que hayamos
tenido diferentes experiencias y condiciones de vida y que tengamos diferentes
papeles.
Compasión no tiene sentido para un egoísta. Recibe sentido a medida que salimos de una
visión estrictamente personal de la vida. No es solamente percibir del otro
su rechazo, aflicción, hambre o sed de justicia, persecución, debilidades, adicciones
o confusiones. No es perderse en estos sentimientos. Esto nos paraliza. No
obstante que nos afectan, es dejar generarles en nuestro corazón una resonancia
que permite nos dar cuenta que el otro hace parte de nosotros y que él nos
falta para volver más completo y feliz. El otro es en realidad un parte que nos falta cualquiera que sea nuestra opinión. Pide a no juzgar pero discernir. Pide aceptar lo que se presenta, pero
no automáticamente tolerar todo. Este
discernimiento genera una fuerza creativa que nos llama a revalorizar el potencial (los talentos de
nuestra alma ya no explotados) de nosotros mismos y liberar nuestra fuerza
creativa de amor y de sabiduría. Tiene como efecto a valorizar al potencial
(los talentos afectados) del alma del otro, mostrando en nosotros el camino de su liberación encima de nuestras
propias resistencias y los límites e imperfecciones de su visión. Así generamos
una interactividad solidaria que permite abrir, vía nuestra comprensión supra-mental,
la mente del otro y el camino solidario hacia la transformación, la sanación y la
elevación mutua en la unión crística.
Desde que entremos en una visión más global, que toda vida
es unión, se puede manifestar este
dinamismo de armonización que conduce hacia relaciones siempre más armoniosas
o justas con nosotros mismos, el otro y el entorno. Su proceso de interactividad solidaria se concretiza en primer tiempo por
la creación de confianza. Es necesaria para que el impacto de las causas
que han provocado aislamiento, separación, conflictos, sufrimientos, desvíos y
perdición se disuelva. Pues, el gesto de
perdón (o de amor incondicional por cualquier expresión cariñosa) abre la
puerta de la comprensión de la liberación en el otro. Liberándose del peso de
este impacto, su conciencia se abre para
su carácter ciego et genera finalmente une actitud
de reconocimiento de desarmonía et de
gracia mutua quién nos empuja hacia la expresión
de un acto de perdón mutua (nuestra propia inconciencia ha también contribuido a
alimentar el campo colectivo de las
causas de las experiencias de desarmonía del otro). A su trono el perdón
mutuo conduce hacia la reconciliación y
la amistad fraternal.
Tener compasión es un arte de compartir la vida sobre el camino común hacia la conciencia
de unión, como es en esencia el Ho’oponopono. En realidad, es
solo posible desde nuestro corazón, conectándonos con el amor incondicional y
la sabiduría infinita del Espíritu Superior o el Cristo en cual nuestra alma
tiene la fuente de su vida. El perdón no se aprende. Hace parte del potencial
infinito (los talentos) de amor-sabiduría, sembrado en nuestra alma. Podemos
solamente aprender ser más conectado con nuestra alma. Nos falta escuchar su
amor y su sabiduría y seguir su fuerza encima
de la dictadura que nos impone nuestro mental limitado y condicionado por los conceptos individualistas y egoístas de
nuestra personalidad.
Finalmente, lo que pueda ayudarnos es intentar a ponerse en la situación del otro para entenderlo mejor. ¿No hubiéramos podido estar en su lugar? Venir al nivel del otro es un ejercicio de humildad para él que imagina que sea mejor que el otro. Pensemos que estamos todos en servicio igual de la Gran Vida Una del Espíritu de Verdad, como lo son los órganos en nuestro cuerpo para nuestro espíritu. Gracias al uno y el otro podemos crecer en la luz de su Verdad.
Finalmente, lo que pueda ayudarnos es intentar a ponerse en la situación del otro para entenderlo mejor. ¿No hubiéramos podido estar en su lugar? Venir al nivel del otro es un ejercicio de humildad para él que imagina que sea mejor que el otro. Pensemos que estamos todos en servicio igual de la Gran Vida Una del Espíritu de Verdad, como lo son los órganos en nuestro cuerpo para nuestro espíritu. Gracias al uno y el otro podemos crecer en la luz de su Verdad.

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